Sistema Educativo

San Juan Bosco fue un educador excepcional. Su inteligencia aguda, su sentido común y su profunda espiritualidad le llevaron a crear un sistema de educación capaz de desarrollar la persona en su totalidad – cuerpo, corazón, mente y espíritu. Valora en su justo punto el crecimiento y en la libertad mientras coloca al al joven en el centro mismo de toda la empresa educativa.

A fin de distinguir su método del sistema educativo de represión vigente en Italia en el siglo XIX, dio a su nuevo método el nombre de sistema “preventivo” – porque busca la manera de prevenir la necesidad del castigo poniendo al niño en un entorno en el cual se ve capaz de ser lo mejor que uno puede ser. Es una manera agradable, amable e integral de abordar la educación.

Crea un clima capaz de hacer salir de dentro (educere) lo mejor de cada niño, que le predispone a mostrarse claramente tal como es, que ayuda al joven en la adquisición de hábitos que le permitirán optar por todo lo que en la vida es bueno, saludable, alegre y prometedor.

 

1. EL SISTEMA PREVENTIVO, EXPRESION DEL ALMA EDUCATIVA Y PASTORAL DE DON BOSCO

El sistema educativo que Don Bosco nos dejó está estrechamente unido a su persona, a su forma de actuar y de responder a los retos que le plantearon sus tiempos. Don Bosco no nos ha dejado una teoría educativa plasmada en unos escritos o instituciones ya hechas, sino un estilo de actuar, una historia personal. Su originalidad, por tanto, hay que buscarla en la praxis y en el quehacer diario. No se trata, pues, de entender un sistema de ideas, sino de entrar en contacto con una vocación pedagógica, con una experiencia vital y de fe.

Por otro lado, el Sistema Preventivo en Don Bosco no se limita a una realidad pedagógica, sino que está íntimamente unida a otras preocupaciones que la inspiran y a veces la superan: la preocupación caritativa, por la que quería liberar de la pobreza y miseria a los jóvenes y se sometía por ellos a la penosa tarea de pedir limosna; la tensión pastoral que le llevaba a buscar la salvación cristiana del pueblo y a intervenir en un campo mucho más amplio: prensa, misiones, devoción popular, etc.; su misión de fundador de una nueva forma de vida religiosa adecuada a unos tiempos y a una sociedad cada vez más autonómica y secular. Todas esas realidades se fundieron en una vigorosa síntesis que Don Bosco mismo llamaba «su Sistema».

Pero ese sistema no quedó cerrado y fijo al morir Don Bosco. Heredado por un movimiento de educadores, éstos lo aplicaron y desarrollaron a lo largo de cien años a través de gran variedad de programas e instituciones educativas. El Sistema Preventivo, precisamente porque es una vida, no puede reducirse a un tiempo y a una institución; es una corriente pluriforme de contenidos, metodologías, criterios, instituciones, experiencias…, focalizadas alrededor de un núcleo identificador, formado por unas cuantas intuiciones educativas y pastorales claves y por unos criterios y objetivos inspiradores de un talante o actitud concreta. Con este núcleo se afronta la realidad y se crean respuestas adecuadas en cada momento.

Por tanto hoy no se trata tanto de estudiar científicamente una nueva teoría pedagógica, sino de aproximarse lo más posible a un estilo de vida, a un modelo de arte educativo, a un ambiente creado alrededor de aquella personalidad a la vez suave y fuerte, humana y sobrenatural; de participar en su fuego interior, en su profunda experiencia pastoral inspiradora de su actuación y, desde esta sintonía con Don Bosco y los educadores que le siguieron, abrirse a la actual situación de los jóvenes, percibir sus retos y crear una respuesta adecuada.

 

2. SU PRINCIPIO FUNDAMENTAL: LA INTEGRALIDAD DE LA RESPUESTA EDUCATIVA Y PASTORAL

Una de las características de los grandes genios es la capacidad de hacer síntesis originales y propias con elementos que a otros parecían contrarios o difícilmente armonizables.

Toda la vida, la obra y el pensamiento de Don Bosco están dominados y unificados por una idea que es, al mismo tiempo, una aspiración totalizadora: la salvación redentora en la Iglesia católica: ayudar a que todos encuentren en la Iglesia a Cristo y en Cristo el sentido de su vida y el camino de una realización liberadora de lo mejor de sí.

Todo lo que le parecía estrechamente conexo con ello y concretamente factible, se hacía imperativo para él. Movido por ese objetivo final, que es como su orientación fundamental, Don Bosco asume todo lo que encuentra y se esfuerza por hacerlo realidad, atento a la experiencia, a cuya luz revisa y mejora continuamente su actuación.

Esta síntesis original de elementos diversos que se apoyan mutuamente en una convergencia armónica, es lo que queremos expresar cuando hablamos de «integralidad». Constituye la pri­mera característica del estilo de actuar que nos ha dejado Don Bosco: una dinámica focalización de todos los elementos, inter­venciones y posibilidades hacia un objetivo común: la promoción integral de los jóvenes, sobre todo los más pobres y en difi­cultades.

Este es uno de los retos más importantes de nuestra sociedad tan compleja y pluralista, en la que se da una superespecializa­ción de intervenciones e instituciones, una yuxtaposición y ni­velación de valores y experiencias y una fraccionalización de vivencias que impiden al hombre concebir y asumir un proyecto de largo alcance que dé sentido global a toda su existencia y así experimentarse salvado.

2.1. El centro de su sistema: la persona del joven

El centro de interés de la práctica tanto educativa como pas­toral de Don Bosco, es la persona del joven considerada en toda su integralidad, como persona en este mundo en relación con Dios: hacer del joven «un honrado ciudadano y un buen cristiano».

Con este programa quiso él responder, desde la práctica, a los que sostenían que la religión era un obstáculo para una au­téntica educación abierta al progreso y a los valores humanos y sociales emergentes.

Hoy el reto sigue en pie en nuestra sociedad secular, que piensa que lo religioso no entra ni debe interferir en los proble­mas humanos y sociales. En ella se fomenta un dualismo pro­fundo entre la fe y la vida que desemboca o en una religión sin influencia alguna sobre la vida, el pensamiento y la realidad so­cial de la persona, o en un comportamiento amoral en el que sólo cuentan los valores técnicos e inmediatos. Una fe cada vez más relegada a la esfera de lo privado y subjetivo y, en consecuencia, ausente de las grandes decisiones colectivas.

Un educador que lleve consigo esta visión, no puede menos que comunicarla consciente o inconscientemente. Por eso hemos de revivir personalmente la integralidad del proyecto de Don Bosco.

Ello supone hoy tres cosas:

• Formular y compartir un proyecto educativo centrado en la persona, vista a la luz de su destino definitivo ante Dios.

• Realizar cada elemento del proyecto en profundidad, cons­ciente que tras lo didáctico está lo educativo, dentro de lo educativo está la orientación de la vida, dentro de la vida está la búsqueda de sentido.

• Hacer una propuesta de fe que dé significado saívífico a todos los aspectos de la vida cotidiana, no sólo a los con­siderados religiosos.

2.2. Contenidos concretos de esa integralidad: el trinomio de Don Bosco

«Este sistema descansa por entero en la razón, en la religión y en el amor.»

Este trinomio, que sintetiza el sistema educativo y pastoral de Don Bosco, cubre todos los aspectos de la educación (con­tenidos, relación, ambiente, fines…) y los funde y relaciona mutuamente.

El estudio y preparación profesional, el deber y responsabili­dad, la buena educación, el trabajo y la profesionalidad, la mo­deración y la sociabilidad son expresiones de la razón, o dimen­sión cultural del proyecto, inspirada por la fe que aporta las mo­tivaciones profundas y los valores fundamentales.

La moralidad y la conciencia, la fe y la apertura a la trascen­dencia, la catequesis y formación religiosa, la práctica y el com­promiso en la comunidad eclesial, constituyen la dimensión re­ligiosa, encarnada en las esperanzas humanas, dándoles profun­didad y sentido definitivo.

La cercanía grata y compartida, el afecto demostrado sensi­blemente a través de gestos comprensibles, la confianza y la relación educativa positiva, concretan el principio metodológico de la amabilidad, que es la traducción pedagógica de la caridad cristiana que acompaña, anima y sostiene la realización de los otros dos principios.

2.3. La vivencia de estos tres elementos en nuestro hoy

Estos elementos centrales y mutuamente interrelacionados los hemos de traducir a nuestro hoy. He aquí algunas pistas para ello.

RAZON_1_10_26_10_26_

La base de la racionalidad educativa para Don Bosco está en su confianza en la bondad de los chicos y en su apertura a la verdad. Los jóvenes pobres y en dificultades necesitan que el educador crea en sus fuerzas interiores positivas para ayudar a potenciarlas y hacerles cada vez más sujetos activos, críticos y creativos en los procesos educativos, sociales y culturales que deben vivir.

Esa confianza y actitud de animación se manifiesta a través de:

— diálogo interpersonal;

— educación a la profundidad, frente a la superficialidad am­biental. Eso supone:

• atención a las motivaciones y valores,

• educación desde lo positivo,

• descubrimiento de las riquezas interiores de cada uno.

— iniciación a la valoración y a la crítica desde una propia escala de valores, frente al pluralismo ideológico y cul­tural;

— conocimiento de la persona y respeto a su individualidad, frente a una socialización masificadora;

— estructuras funcionales, flexibles, sencillas, descentrali­zadas;

— aprecio y utilización de las ciencias del hombre que po­tencian en el educador su competencia y profesionalidad.

RELIGION

_1_10_26_10_25_ La religión es para Don Bosco el esfuerzo por llegar a la pro­fundidad de la conciencia, a aquellos motivos que el hombre considera absolutos; es ayudar al hombre a vivir desde lo mejor de sí mismo; es plenitud de sentido, reconocimiento de Dios como Padre que hace crecer todo lo que es vida; es propuesta de fe­licidad.

Esto se manifiesta en:

— una concepción religiosa de la vida: hacerlo y unirlo todo ante Dios y a su servicio, en una actitud de filial obedien­cia y de alegre relación personal de amistad con Dios presente y actuante en la historia;

— una sólida formación religiosa que ayude al muchacho a plantearse cuestiones de fondo, que presente la fe como un valor para la persona y que haga comprensible y signi­ficativo el mensaje;

— unos momentos concretos de vivencia religiosa profunda que les ayude a hacer una experiencia positiva de Dios; educar a la interioridad, a la oración y al lenguaje de los símbolos; iniciar a las celebraciones cristianas y a los sacramentos;

— un compromiso de vida que traduzca en realidades de ser­vicio las vivencias interiores y así las autentifique y haga más sólidas;

— un ambiente religioso y de profundidad apto para desarro­llar la vida cristiana; en este ambiente es esencial la pre­sencia activa y significativa de educadores y compañeros que vivan y testifiquen estos valores, así como la expe­riencia de grupo en el que se asuman personalmente las propuestas generales y las vivencias ambientales para con­cretarlas y traducirlas en compromiso concreto;

— todo ello hacia un proyecto de vida unitario, inspirado en el Evangelio. No podemos quedarnos en hacer unas prác­ticas o crear un ambiente positivo, hay que ayudar al chico a madurar hacia una estructuración de toda su persona alrededor de un núcleo central que sea plenamente evan­gélico (opción vocacional cristiana).

AMABILIDAD

_1_10_26_10_22_ La educación es siempre un hecho personal: una interrelación entre el educador y el joven.

Esta relación sólo es posible desde el amor y aprecio expe­rimentado; y esto es, sobre todo, importante con los adolescen­tes que tienen deficiencias familiares o sociales.

La amabilidad salesiana es esa relación educativa sólida, fun­dada en el afecto personal maduro expresado con gestos inme­diatos y comprensibles para los muchachos, síntesis de caridad cristiana y de sentido pedagógico.

Hoy día esa amabilidad salesiana se concreta en las siguien­tes tareas:

— contra la masificación y la simple prestación de servicios hay que llegar a la vida y a la persona del joven perso­nalizando las relaciones;

— ante la exigencia de la democratización que tiende a nive­lar las relaciones, eliminar las caretas funcionales y las barreras institucionales fomentando un trato franco, au­téntico y participativo;

— frente a la carencia afectiva y la sensación de soledad, ofrecer pruebas concretas de un afecto maduro: valorar siempre, actitud comprensiva y aceptación paciente del camino del Otro, exigencia y autoridad moral;

— frente a la complejidad de las relaciones educativas, es necesario fomentar nuevas actitudes entre los educadores con los jóvenes y entre los mismos educandos.

Resumiendo todo lo que llevamos dicho, podríamos caracte­rizar así unas relaciones educativas que encarnen el Sistema Preventivo de Don Bosco[1]:

 

RELACIONES

CONTENIDOS

ACTITUDES

ORGANIZACION

Educador -

educador

Convergencia en el Proyecto Educativo

Testimonio y coherencia

Relaciones de cooperación y solidaridad

Exigencia y honradez profesional

Formar comunidad educativa

Estilo democrático y participativo

Educador-

educandos

Contenidos educativos centrados en la persona del joven

Valores éticos y religiosos que puedan ser percibidos en la actitud del educador

Estilo animador: autoridad moral (propuestas, información, espacios de libertad)

Bondad que manifieste el aprecio por el valor de cada persona

Presencia activa y activadora

Crear comunidad entre todos: sentido de pertenencia

Estructuras que favorezcan

las relaciones personales

Educandos- educandos

Participación en objetivos comunes

Familiaridad: que se sientan como en casa

Compañerismo y amistad

Protagonismo y responsabilidad

El grupo como elemento de encuentro y participación

Espacios de libertad y creatividad

3. LAS INTERVENCIONES BASICAS

Don Bosco, hombre práctico, no se limita a proponer unos principios educativos, sino que los encarna en unas actuaciones concretas, en obras y programas educativos con los que intenta responder prácticamente a los retos que la realidad le presenta.

Este es el nivel en el que podemos y debemos ser hoy más creativos, pues la realidad juvenil ha cambiado mucho y nos lanza nuevas interpelaciones.

Para ayudarnos en esta tarea es necesario tener presentes los criterios y cualidades fundamentales de las actuaciones prácticas de Don Bosco.

_1_10_26_10_33_ 3.1. Importancia de un ambiente educativo en el que los jóvenes respiren los valores que se les quiere inculcar y se sientan em­pujados a valorarlos y vivirlos.

He aquí algunas cualidades de este ambiente:

— un ambiente de calidad humana hecha de acogida y relación personal, en un clima de alegría, espontaneidad, fiesta y gratuidad;

— un ambiente que abra y favorezca espacios de participación y protagonismo de los mismos jóvenes. Para ello informar, proponer, sensibilizar, reflexionar, dialogar, crear canales prácticos de comunicación en todos los sentidos…;

— un ambiente de calidad evangélica, que favorezca la inte­riorización y superación de la superficialidad ambiental, promueva experiencias religiosas.—válidas y significativas, con testimonios creyentes cercanos y apreciados;

— un ambiente abierto a la realidad familiar, social o eclesial en que se halla inserto el muchacho;

— un ambiente que llegue al mayor número posible de jóvenes con ofertas educativas diferenciadas y coordinadas entre sí, según las distintas necesidades y posibilidades;

— un ambiente obra de toda la comunidad educativa que actúa con unidad de Criterios y de realizaciones.

3.2. Necesidad de una presencia-seguimiento-relación personal entre el educador y el educando. Es lo que Don Bosco llama «asis­tencia».

Supone, a la vez:

— salir al encuentro del joven, promoviendo con iniciativa y creatividad encuentros positivos con ellos, sobre todo con los alejados;

— estar entre ellos con una relación de empatía y cercanía;

— proponer y animar, superando la actitud de vigilancia pa­siva; descubriendo lo positivo, ayudando a desarrollarlo y fomentando el propio protagonismo;

— testimoniar los valores encarnados en la vida de cada día;

— prevenir y acompañar al joven en la interiorización de esos valores y convicciones;

— fomentar el grupo y el compromiso.

 

4. EL EDUCADOR SEGUN EL SISTEMA PREVENTIVO

Para Don Bosco el sistema es su persona, su inteligencia y su corazón puestos al servicio de los jóvenes y de su salvación. Y con él, el equipo de colaboradores que supo formar y aglutinar a su alrededor. Por eso, el Sistema Preventivo es fundamental­mente un educador o mejor, una comunidad educativa, que sabe encarnar sus valores y hacer camino con los jóvenes, y mediante su testimonio, su cercanía y diálogo, sus vivencias, interpelaciones y propuestas, es para ellos punto de referencia y modelo de iden­tificación.

_1_10_26_10_23_ El educador cristiano y salesiano es un testigo del Evangelio en el mundo de la cultura y de la educación; un hombre que hace pasar el mensaje cristiano por su inteligencia, su corazón y sus obras, lo hace sentir a los otros como un valor e invita a acep­tarlo en la propia vida como un horizonte más amplio de sentido.

Esto exige a los educadores: ser personas maduras, unificadas, serenas y equilibradas; optimistas y alegres; capaces de relación y diálogo; que amen la vida y crean en los demás con realismo y esperanza; competentes y preparados en el campo pedagógico, cultural y evangelizador; con iniciativa y creatividad; cristianos convencidos y coherentes que. traduzcan su fe en actitudes, op­ciones y estilo de vida realmente evangélicos.

Sin educadores que tiendan a realizar en sí mismos este ideal, difícilmente se podrá realizar el proyecto de Don Bosco.

Para ayudar a caminar hacia ese ideal presentamos los rasgos de un educador-tipo según el corazón de Don Bosco, contrastán­dolos con los de un educador que ha perdido el sentido de su vocación y se ha estancado.

El cuadro, inspirado en P. Schilligo, puede ayudarnos a analizar nuestro propio proceso de renovación.

 

EDUCADOR ESTANDARIZADO

 

EDUCADOR SEGUN DON BOSCO

  Miedo a conocerse y a ser co­nocido.

  Sentimiento de inutilidad e in­competencia.

  Busca la aprobación y depende de ella.

  A la defensiva en las relacio­nes personajes de tú a tú.

  Miedo al cambio y al riesgo.

  Angustia ante los límites y di­ficultades.

  Se atrinchera detrás de normas y leyes.

 

 

  Fuerte identidad personal con una clara idea de sí mismo, de sus valores y defectos.

  Confianza en sí mismo y senti­do de competencia ante las si­tuaciones.

  Capaz de abrirse a los otros sin autodefenderse.

  Capaz de riesgo.

  Capaz de escuchar y aprender de los jóvenes.

  Asume los límites propios y de los demás con paciencia y per­severancia.

  Comunica a los demás confian­za y entusiasmo.

 

  Crea barreras, poniéndose a la defensiva ante lo nuevo, dife­rente o desconocido; tiende a grupos cerrados u homogéneos.

  Tiende al dogmatismo-autorita­rismo, o por el contrario a de­jarlo pasar todo acríticamente (permisivismo).

  Usa la autoridad como refugio de su inseguridad; por eso es dura, lejana, extremista (o todo o nada).

 

  Capaz de crear comunión y su­perar distancias.

  Capaz de integrar progresiva­mente a los alejados.

  Sabe entrar en un auténtico diá­logo que reconoce las diferencias, pero se abre al inter­cambio.

  Su autoridad consiste en su ca­pacidad de convencer, de arrastrar, de comunicar su riqueza interior. Es, pues, cercana, casi no se nota.

 

  Capta las situaciones superfi­cialmente: cae en fáciles clasi­ficaciones echando las culpas a los demás.

  Ante las dificultades cree que no se puede hacer nada.

  Activista, sin un proyecto con­creto y exigente.

  Le cuesta mucho trabajar en equipo.

  Ni cambia él ni es capaz de conducir al otro a un cambio en profundidad.

 

 

  Tiene un fino sentido de obser­vación que le hace captar las situaciones con gran realismo, y, a la vez, descubrir caminos positivos de intervención.

  Tiene un compromiso real, con­creto, duradero, sin irse por las ramas.

  Con una acción planificada, com­partida, reflexionada.

  Suscita colaboradores.

  Conduce al joven a un cambio en profundidad, a un descubri­miento más profundo de sí mis­mo y a una entrega más radi­cal a su vocación.

 

 

5. PISTAS PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

— Ayudados por el cuadro anterior, valorar nuestra capacidad de incidencia educativa en las relaciones con los jóvenes.

— Tomar el proyecto educativo-pastoral de la obra en que tra­bajamos y ver cómo aparecen en él los elementos centrales del Sistema Preventivo. Después, preguntarse:

· ¿Cómo los llevamos adelante?

· ¿Qué elementos influyen en positivo y en negativo tanto en las personas como en las estructuras y en las activi­dades?

 

6. BIBLIOGRAFIA

P. BRAIDO, El sistema educativo de Don Bosco, Instituto Teológico Salesiano de Guatemala, Editorial CCS, Madrid, 1984.

J. VECCHI y J. M. PRELLEZO, Proyecto educativo pastoral. Conceptos funda­mentales, Editorial CCS, Madrid, 1986. Sobre todo los artículos «Sistema preventivo», pp. 75-91; «Promoción integral», pp. 113-131; «La asistencia como presencia activa del educador», Pp. 206-218; «EI ambiente como factor educativo», pp. 375-381.

CENTRO INTERNACIONAL SALESIANO DE PASTORAL JUVENIL, Comunidad educativa en formación/3: Nuestra propuesta educativa, Editorial CCS, Madrid, 1986, pp. 10-111.


[1] Cfr. Comunidad Educativa en Formación/3: Nuestra propuesta educativa. Editorial CCS, Madrid, 1986, p. 57.

 

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